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Temperaturas elevadas y riesgo de incendio: la importancia de la protección pasiva para las empresas

Las olas de calor no representan necesariamente una causa directa de incendio en el interior de los edificios, pero pueden contribuir a generar condiciones operativas más críticas: mayor uso de los sistemas de climatización, incremento de las cargas eléctricas, sobrecalentamiento de los equipos, presencia de materiales más secos —como puede ocurrir en las fachadas verdes— y actividades de mantenimiento realizadas en condiciones ambientales más complejas.

En este contexto, la seguridad contra incendios no puede abordarse exclusivamente desde el punto de vista de la prevención de la ignición. También debe evaluarse la capacidad del edificio para contener el incidente, proteger las zonas no afectadas y limitar las consecuencias sobre la continuidad de la actividad empresarial.

Por tanto, la protección pasiva contra incendios se convierte en un elemento esencial.

Para una empresa, las consecuencias de un incendio no se limitan a los daños directos provocados por las llamas. La afectación de áreas de producción, almacenes, salas técnicas, centros de datos o zonas logísticas puede provocar la interrupción de las actividades, la parada de los equipos, la pérdida de materiales e información, el incumplimiento de los plazos de entrega y consecuencias económicas y reputacionales significativas.

Una compartimentación correctamente diseñada y mantenida permite limitar la propagación del incendio, reduciendo la probabilidad de que un incidente localizado se extienda progresivamente a todo el edificio.

Por tanto, la protección pasiva no debe considerarse únicamente un requisito de diseño o normativo, sino una parte integrante de las estrategias de continuidad de negocio y protección de los activos empresariales.

La importancia crítica de la compartimentación

Las prestaciones de una pared o de un forjado resistente al fuego dependen de la continuidad de todo el sistema. Los pasos de instalaciones, las juntas estructurales, los patinillos técnicos y las modificaciones realizadas después de la construcción pueden crear puntos vulnerables a través de los cuales las llamas, el calor y el humo pueden propagarse hacia los compartimentos adyacentes.

La cuestión no se limita únicamente a la presencia de un sellado cortafuego, sino a su correspondencia efectiva con la configuración instalada.

El tipo de soporte, las dimensiones de la abertura, las características de las tuberías, la presencia de aislamiento, la cantidad de cables, las distancias entre las instalaciones, la orientación del paso y la clase de resistencia al fuego requerida son factores que influyen en la elección y las prestaciones del sistema.

El riesgo más frecuente no es necesariamente la ausencia total de una solución de protección pasiva. Más bien, es la presencia de sistemas que, después de modificaciones, ampliaciones o intervenciones no coordinadas, ya no se corresponden con la configuración para la que fueron diseñados originalmente.

Modificaciones de las instalaciones y gestión del cambio

Los edificios empresariales evolucionan continuamente. Las nuevas líneas de producción, la ampliación de las instalaciones eléctricas, la instalación de sistemas tecnológicos, las modificaciones de las redes de datos o las actividades de mantenimiento pueden requerir la realización de nuevos pasos o la modificación de los existentes.

Si estas actividades no van acompañadas de una comprobación de la compartimentación, pueden comprometer sistemas que inicialmente eran conformes.

La incorporación de cables dentro de un sellado, la retirada de una tubería, la ampliación de una abertura o el uso de materiales distintos de los previstos pueden modificar significativamente el comportamiento del sistema en caso de incendio.

Dado que estas intervenciones no siempre quedan registradas ni se comunican a los responsables de seguridad, la gestión de la protección pasiva debería integrarse en los procesos empresariales. Toda intervención en las instalaciones debe incluir una comprobación de las barreras atravesadas, de la solución instalada y de la documentación correspondiente, no solo durante las reformas, sino también mediante revisiones periódicas de la seguridad contra incendios.

Las soluciones de protección pasiva deben seleccionarse de acuerdo con las condiciones reales de aplicación e instalarse respetando las configuraciones ensayadas y clasificadas. Las combinaciones de productos no previstas, los espesores insuficientes, las distancias incorrectas o los métodos de fijación no conformes pueden comprometer el comportamiento de la compartimentación.

La verificación técnica previa resulta especialmente importante en los casos más complejos, como:

- pasos múltiples o mixtos;
- alta concentración de instalaciones;
- tuberías aisladas;
- paredes ligeras;
- aberturas de grandes dimensiones;
- juntas sometidas a movimiento;
- intervenciones en edificios existentes;
- configuraciones que no pueden asociarse directamente a una solución estándar.

En estos casos, la coordinación entre el proyectista, el fabricante, la empresa contratista y el instalador permite identificar la solución más adecuada antes de la ejecución, reduciendo el riesgo de instalaciones no conformes y de posteriores trabajos de corrección.

Protección pasiva y gestión del riesgo

Las temperaturas elevadas, las sobrecargas de las instalaciones y unas condiciones operativas más exigentes pueden aumentar la atención sobre el riesgo de incendio. Sin embargo, la capacidad de una empresa para gestionar este riesgo depende de decisiones de diseño y gestión que deben desarrollarse y mantenerse a lo largo del tiempo.

Por tanto, la protección pasiva debe diseñarse en función de las condiciones reales de aplicación, instalarse correctamente, documentarse y mantenerse durante toda la vida útil del edificio.

AF Systems acompaña a proyectistas, empresas, instaladores y organizaciones en el desarrollo de soluciones para pasos de instalaciones, juntas estructurales y compartimentación contra incendios, ofreciendo asistencia desde la fase de diseño hasta el soporte en obra.

Porque la seguridad de una compartimentación no depende únicamente de cómo se haya diseñado, sino también de cómo se gestione a lo largo del tiempo.